VIVIR  DE  ESPALDAS

A uno no deja de asombrarle la infinita capacidad de delegación de la gente. El personal suele vivir en un limitado círculo de familia, trabajo, amigos... ¿Y lo demás? Creemos participar simplemente porque vemos televisión. Sin embargo, el nivel de información -ya no de concienciación- sobre temas vitales, que nos afectan a todos, es nula. Y sin información ni concienciación, ¿cómo va a haber acción? 

La mayoría de la gente piensa a lo mejor que ya se hará algo, o que en el futuro las cosas van a seguir siendo más o menos como hasta ahora. Y sin embargo hay signos de que todo puede cambiar, y cambiar para peor. Por hablar sólo de lo que más nos sustenta: el clima.

- Julio de 1995 -¿quién lo recuerda ya? Tras cinco años de extenuante sequía, se nos vino encima una ola de calor; durante nueve días el termómetro se atascó en los cuarenta y tres grados centígrados. Y empezó a morir la gente. Primero en Andalucía, luego en Extremadura.

- Noviembre de 1997. Se fue la sequía y pasamos al polo opuesto: un temporal arrasa El Alentejo y Extremadura y se cobra, sólo en la zona de Badajoz, veintitrés vidas. Ese año caen por término medio 300 litros de agua más que en un año normal (desde el 90 ninguno lo fue.)

Dice Eric Rolf que cuando actuamos en contra de la Vida ésta primero nos susurra, luego nos habla más alto y si aún no escuchamos ya lo hace a gritos. Los avisos están ahí pero nadie al parecer los toma en cuenta: continúa el despilfarro de energía, el abuso del automóvil, la tala de árboles, la quema de rastrojos, la producción indiscriminada de residuos, el tirar a la basura papel, vidrio, metal, pilas... 

Vivimos de espaldas, pero podemos seguir. Los políticos y los expertos nos salvarán.