¿Y POR QUÉ ENCINAS?


Ahora tienes a tu cargo una plantita que es sólo una promesa de árbol; de ti y de tus cuidados, sobre todo en los dos o tres primeros años, depende que se transforme en un ser vivo que conocerán tus descendientes. Pues la encina es capaz de vivir mil años...

Posiblemente te impacientes y su crecimiento, en este siglo de prisas, te parezca lento. Frente a esto, y frete a otros árboles de más rápido crecimiento, la encina posee por ser autóctona un sinfín de virtudes:

Fertiliza la tierra, pues sus raíces extraen los nutrientes de las capas más profundas. Es capaz también de crecer en cualquier tipo de suelo.

Es un árbol adaptado a nuestro clima desde hace milenios; resiste prolongadas sequías y temperaturas que otras especies no soportarían, especialmente en las circunstancias actuales de sequía crónica.

Es resistente al fuego: si un encinar se quema, regenera en pocos años a partir de las raíces o de los propios troncos.

Su madera es una de las de mayor calidad de las que existen.

Las bellotas sirven de alimento tanto al ser humano como a los animales domésticos -vacas, cerdos, ovejas...- y a animales silvestres (paloma), incluso a especies protegidas como la grulla. En el ecosistema de encinar viven, asismismo, especies tan escasas como el linde ibérico, el águila imperial, el buitre negro...

Es la mejor defensa frente a la erosión y el avance del desierto, ya que retiene tanto la capa de suelo fértil como el agua que ésta almacena. Frena la acción de los vientos violentos y el cambio climático. Es también una forma de compensar la terrible deforestación a que están siendo sometidas otras regiones del planeta.

Una encina fabrica el oxígeno que necesitan diez personas para vivir (un automóvil, por el contrario, consume en una hora el mismo oxígeno que 800 personas en un día.)