Una llamada a la contaminación: los teléfonos móviles
Sus campos electromagnéticos, un millón de veces mayores que la radiación solar
 
No se ven, no huelen, no se tocan, pero existen. Son las radiaciones electromagnéticas generadas por los cables de alta tensión y las emisiones de las ondas utilizadas en la telefonía móvil.


Los ciudadanos de las grandes urbes viven como en un horno de microondas, aunque éstas no les achicharren como a los alimentos que allí se calientan. Todo es más lento, pero no por ello puede dejar de ser peligroso. Cada día hay más avisos de la potencial peligrosidad de las radiaciones electromagnéticas generadas en nuestra desarrollada sociedad.

«No guardes el teléfono móvil en un bolsillo próximo al pecho, o en el cinturón, cerca del hígado, los riñones, los testículos o la matriz, porque la radiación de microondas puede romper los cromosomas donde quiera que estén», es el consejo del doctor Neil Cherry de la Universidad Lincoln, de Nueva Zelanda.

Aunque no hay estudios concluyentes, algunos investigadores como Henry Lai de la Universidad de Washington mantienen que las microondas de la telefonía móvil rompen la estructura de los cromosomas. En cualquier caso, todo dependería de la potencia del aparato, del tiempo de uso y de la proximidad del mismo al cuerpo.

En vista del revuelo internacional que hay sobre la presunta peligrosidad de las microondas generadas por los teléfonos móviles y las antenas repetidoras que han crecido como hongos en las ciudades, algunos países están tomando medidas como medida de precaución.

En Nueva Zelanda, las antenas repetidoras deben guardar 500 metros de distancia de los colegios. En Australia, seis municipios han adoptado una medida similar. En Toronto se propone una distancia mínima de 200 metros. En 39 estados de EEUU, hay serias limitaciones a la instalación de antenas repetidoras. En Suiza, la legislación blinda a los ciudadanos frente a la radiación electromagnética.

En España, los ayuntamientos catalanes han comenzado a resituar las antenas ante las quejas vecinales. La medida tomada por la Generalitat afectará a unas 150 antenas de las 2.500 existentes, que deberán situarse entre 10 y 250 metros de los núcleos habitados, dependiendo de su potencia.

Uno de los afectados por uno de estos repetidores, Miguel Muntané, que lleva una larga lucha contra una antena situada a cinco metros de su vivienda, está a punto de lograr que bajen la potencia de emisión. «La gente tendría que reunirse en una sala con un repetidor cerca. Su opinión cambiaría al ver cómo afecta a tu vida», asegura.

Todos los usuarios de un teléfono móvil conocen de primera mano algunos de los efectos indeseables de las microondas que emiten. Mientras el teléfono está en espera, no hay apenas señales. Pero justo antes y durante una llamada telefónica, el ordenador parpadea, el teléfono normal se satura, la radio se bloquea... Se producen ruidos extraños y se percibe que algo pasa en el ambiente. Hay personas que afirman notar esas radiaciones a cierta distancia. No es extraño si se tienen en cuenta que los campos electromagnéticos de la telefonía móvil son un millón de veces superiores a las radiaciones del sol (ver gráfico).

Esta sensación apenas es percibida cuando alguien habla con su móvil en la calle. Pero en el interior de una oficina pequeña, en un ascensor, en un autobús o en el vagón de un tren, donde varias personas hablan a la vez, se puede empezar a hablar de contaminación.
 

Prohibiciones lógicas

Ahora está prohibido utilizar los móviles en los aviones. La causa: sus microondas son capaces de alterar el sistema informático del aparato y provocar un accidente. En algunos hospitales hay limitaciones, especialmente en las salas de tratamiento intensivo, porque también pueden alterar los sistemas electrónicos que mantienen vivo a un paciente.

Otras prohibiciones tienen que ver con normas básicas de educación, como alterar el visionado de una película o una obra de teatro, o romper el silencio de un restaurante. No sería de extrañar que, en el futuro, hablar por teléfono en un autobús sea considerado tan contaminante como encender un cigarrillo.

Algunas personas ya se declaran abiertamente alérgicas al móvil. Son aquellas que han descubierto que sus migrañas, malestares e insomnio tienen que ver con el uso abusivo de estos aparatos.

Las alteraciones provocadas por los móviles son hasta ahora las únicas probadas y sobre las que no existe duda. Pero hay sospechas de que estas ondas provocan permeabilidad cerebral y alteraciones en las células con el riesgo asociado de diversos tipos de cánceres.

Un informe de la OMS de 1996 no reconocía como probadas ninguna de estas patologías, pero dejaba abiertas las líneas de investigación sobre efectos adversos. Una investigación científica a nivel internacional no estará disponible hasta el año 2006. En España, se acaba de crear una comisión con la misma finalidad.

Entre el «no pasa nada» que mantienen los operadores de telefonía móvil y los catastrofismos, parece que se impone alguna precaución. Mientras concluyen los estudios habría que hacer caso al doctor Cherry, y evitar que los menores de 12 años se peguen un aparato excesivo tiempo al cerebro.