LOS PELIGROS DE LA PODA

 

- Un árbol debe tener forma natural, con toda su envergadura de ramaje y copa, ya que la extensión de sus raíces es proporcional. Si se le cortan las ramas no puede realizar correctamente todo el proceso químico que va de las hojas a las raíces, con el consiguiente empobrecimiento de éstas y la indefensión ante el ataque de enfermedades.

- Toda herida que supere un tamaño de dos centímetros debe ser curada; a partir de cinco centímetros, aunque consiga cerrar, el mal sigue hacia abajo, pudriendo el tronco y dejando el camino libre a las bacterias, insectos, hongos... lo que puede causar la muerte del árbol en unos años.

- A causa de la poda, en los meses de mayo y junio las hojas tiernas en periodo de crecimiento suelen ser quemadas por un sol demasiado potente al brotar fuera de su época natural, lo que provoca la deshidratación del árbol y enfermedades que producen los hongos, como el mildiu. - Un árbol tarda de veinte a veinticinco años en alcanzar su pleno rendimiento y su total desarrollo. Si se tiene en cuenta que estamos hablando de árboles de ornamento, con un poco de limpieza, aclarado suave y la retirada de ramas secas sería suficiente, como de hecho se hace en ya numerosas ciudades.

- Si se aplica una poda salvaje, la corteza no se desarrolla y se acumula en la poca madera que les dejan, generándose los nudos que no son otra cosa que la consecuencia de la falta de ramas en las que desarrollarse. Además se fuerza a los árboles a reponer su ramaje cada año... hasta el agotamiento.

- Ciertas personas justifican la poda por las temibles alergias que causan los árboles, pero se olvidan en cambio de los muchos beneficios: retienen el polvo, dan oxígeno, eliminan bacterias, amortiguan el ruido, atraen la lluvia, equilibran el clima, enriquecen la tierra, atajan la erosión del suelo, dan sombra en verano, permiten anidar a los pájaros... Sin olvidar el lamentable impacto visual que causan en las calles de nuestras ciudades en invierno los tocones desmochados.