ALERTA SOBRE LAS NUEVAS VARIEDADES DE MAÍZ



Desde AEDENAT-Extremadura no podemos por menos que lamentar que también aquí, ¿por fin?, haya 2.000 hectáreas sembradas de maíz transgénico. "Comida Frankestein" lo han empezado a llamar en Inglaterra.
 
 

Nos extraña que la noticia sea acogida con tanta alegría por los medios de comunicación, cuando lo que probablemente se nos esté viniendo encima con estos cultivos se parezca más a las pesadillas de la ciencia ficción más calenturienta, que a la Arcadia feliz que nos auguran los defensores del engendro, y no sólo por los posibles efectos de los alimentos Frankestein sobre el medio y nuestra salud, sino por el monopolio efectivo que las transnacionales que los han inventado tendrán sobre la alimentación del mundo, si estos cultivos se generalizan.
 
 

AEDENAT-Extremadura quiere denunciar ante la opinión pública que, por primera vez en la historia, en esta campaña de siembra de maíz los agricultores habrán podido encontrarse en el mercado con semillas etiquetadas con la leyenda: "variedad modificada genéticamente&hellip para la protección de cultivos contra el taladro o barrenador del maíz&hellip.", en base a una Orden del 23 de marzo de 1998 que disponía la inscripción de las primeras variedades de un cultivo manipulado genéticamente en el Registro de Variedades Comerciales.

Por lo que puede deducirse de lo que se ha publicado, y por lo que sabemos, es muy probable que se trate de variedades de maíz desarrolladas mediante manipulación genética por la multinacional Novartis, uno de los gigantes de la industria biotecnológica, que además es la primera industria mundial del sector agroquímico, la segunda compañía mundial de semillas, y la tercera del sector farmacéutico.
 
 

La característica principal de las nuevas variedades que pueden ser comercializadas a partir de ahora es la producción de toxinas insecticidas (Bt). Para conseguir la producción de insecticida en las plantas, Novartis ha incorporado al maíz información genética de bacterias del suelo (Bacillus thuringiensis, Bt) que producen una sustancia tóxica letal para muchas orugas y larvas de insecto. Las propiedades insecticidas del Bt se conocen hace tiempo, y han sido utilizadas en pequeñas dosis en agricultura biológica. Sin embargo el cultivo en grandes superficies de plantas insecticidas supone una producción continua de la toxina Bt en dosis que no es posible controlar. No hay garantía del comportamiento de las plantas manipuladas, dado que éstas pueden verse afectadas por cambios en las condiciones del entorno (olas de calor, sequía, etc.), respondiendo de forma completamente imprevisible. De hecho, en la temporada de 1996 los agricultores de EEUU sufrieron considerables pérdidas en la cosecha de un algodón insecticida Bt, muy posiblemente debido a un imprevisto "apagón" del gen responsable de la producción de la toxina insecticida durante una ola de calor. Este "percance" afectó a unos 20.000 acres del cultivo, que fueron infestados por una auténtica plaga del insecto que las plantas transgénicas supuestamente debían controlar. En Australia los cultivadores de algodón denunciaron problemas similares en la temporada siguiente.
 
 

Las nuevas variedades de maíz, además, pueden tener repercusiones ecológicas muy graves. Las esporas de las bacterias Bt contienen una toxina que sólo se activa en el sistema digestivo de algunas larvas de insectos, por lo que afecta sólo a determinadas especies. El maíz de Novartis, por el contrario, produce tres tipos de toxina auto-activada, y se ha comprobado que puede dañar a especies beneficiosas, algunas de las cuales se alimentan precisamente de los insectos plaga, contribuyendo a su control. Por otra parte, la toxina Bt de las plantas transgénicas permanece en algunos suelos durante periodos prolongados, manteniendo su toxicidad. El cultivo en grandes superficies de las variedades insecticida (y la incorporación al suelo de los residuos vegetales no aprovechables) supone la acumulación en el medio de grandes cantidades de toxinas, que pueden afectar negativamente a insectos beneficiosos del entorno y a microorganismos del suelo, con repercusiones imprevisibles en todo el ecosistema, y en particular para el mantenimiento del equilibrio biológico imprescindible para la fertilidad de los suelos. Todo ello puede dañar gravemente a los ecosistemas, y perjudicar enormemente a los propios agricultores a medio y largo plazo.
 
 

Por otra parte, los cultivos transgénicos conllevan graves riesgos para la salud, tanto de los agricultores como de los consumidores. Se ha comprobado que los cultivos transgénicos pueden provocar reacciones alérgicas, tanto en el consumidor como en el propio trabajador agrícola, que en muchos casos no es posible detectar a priori, dado que se trataría de proteínas totalmente nuevas en la alimentación humana y se carece de información sobre sus posibles efectos. La manipulación genética de una planta puede además alterar de forma imprevisible los procesos metabólicos de la planta y, por consiguiente, la composición de los alimentos, dando lugar a posibles trastornos en el ser humano. Estudios científicos recientes indican que este riesgo parece ser mayor cuando la función de uno de los genes incorporados a la planta es la producción de toxinas insecticidas, como el Bt.
 
 

Además, las variedades autorizadas llevan un gen de resistencia a la ampicilina, un antibiótico utilizado en el tratamiento de muchas enfermedades. El cultivo del maíz manipulado a gran escala, la incorporación de los residuos al suelo, y su ingestión por el ganado o directamente por el ser humano, supone un riesgo inaceptable -e innecesario- para la salud, ya que puede contribuir a propagar a bacterias patógenas la resistencia a este antibiótico, agravando el problema mundial de la lucha contra enfermedades infecciosas. De hecho, este riesgo ha llevado a países como Austria a tomar medidas precautorias, prohibiendo la comercialización del maíz, y con mayor razón su cultivo.
 
 

Por todas estas razones, AEDENAT se opuso en su día, y se sigue oponiendo, a la autorización de las importaciones y al cultivo de estas variedades de maíz transgénico en España, lo que supone la liberación irresponsable e innecesaria en el medio ambiente de organismos modificados genéticamente, y quiere alertar a los agricultores extremeños de sus riesgos.
 
 

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